Cuentos

Cuentos

LA SERENIDAD

Hace mucho tiempo, en un país lejano, vivía un rey viudo que se preocupaba mucho por la educación de su único hijo y heredero, que entonces tenía doce años. Un buen día, el rey quiso explicarle a su hijo el significado de la palabra serenidad. Los maestros del niño, los sabios de palacio y hasta el mismísimo rey lo intentaron, pero el muchacho no conseguía entenderlo. El rey estaba preocupado, ya que para él se trataba de un concepto básico y necesario para su futuro como monarca.

Su majestad, con una cultura y una sensibilidad muy avanzadas para su época, tuvo una idea: si las palabras no daban fruto en la mente de su hijo, tal vez si lo harían las imágenes. Y así fue como el rey ideó una gran exposición de pintura en la que el tema central sería la serenidad. Dicho y hecho, su secretario personal se puso en marcha para obedecer las órdenes de su majestad e hizo llegar la noticia a todos los rincones del reino, puesto que el rey impuso como norma que todos sus súbditos pudieran participar, fueran o no artistas, y que ninguna obra, por mala que fuese,  quedará descartada de la gran exposición que se haría en la gran sala del trono. Una bolsa de monedas de oro sería el premio. Se trataba de una pequeña fortuna, lo cual incentivó a que participase una gran cantidad de súbditos de toda clase y condición.

Las obras empezaron a llegar y llenar la gran sala del trono. Había tantas que el secretario quiso poner un poco de orden clasificándolas personalmente, según la calidad, la belleza del paisaje y la gama de colores. A medida que llegaban, colocaba en los lugares destacables las obras que consideraba más brillantes, ya que se había propuesto que esa exposición fuera memorable y recordada por todos durante muchos años. Las obras de poca calidad quedaban relegadas a la ultima pared, la más oscura y escondida.

Un día antes de la gran inauguración, un viejo que vivía en la montaña y que de joven había sido pintor trajo su cuadro. Cuando lo vio, el secretario quedó horrorizado. ¿Pero qué era aquello? Los colores oscuros, negros y grises, dominaban la tela, que representaba una terrible tempestad en el mar y unas olas que rompían con fuerza contra un acantilado. El hombre no podía evitar sentir cierto miedo al mirarlo. Aunque la calidad era bastante aceptable, y probablemente el artista tenía talento, no lograba entender cómo eso podía llevar el título de serenidad. El secretario y sus ayudantes pensaron hasta en esconder el cuadro para que el rey no se enfadara al verlo en medio de aquella sala fastuosa llena de bellas obras de arte. Pero las indicaciones del rey era muy claras (todos podían participar), y el secretario nunca se atrevería a desobedecer sus órdenes, así que finalmente lo colocaron al final del todo, en la pared más oscura.

El día de la inauguración, la plaza real se llenó hasta los topes. Artistas, súbditos y la nobleza en pleno querían ser los primeros en ver la exposición más grande que jamás se había celebrado en el reino. Delante de la comitiva iban el rey y su hijo, emocionados porque por fin el heredero podría entender es significado de la palabra serenidad.

La sala del trono, decorada con el gusto refinado del secretario, estaba espectacular. Todas las obras eran de una gran belleza y se serenidad: puestas de sol, el mar en calma, los prados llenos de flores o las montañas nevadas. El rey miraba  todos y cada uno de los cuadros con intensidad, buscando el enseñaría a su hijo. En silencio era absoluto entre los nobles que los seguían para no molestarlo en su concentración, mientras que él se detenía pacientemente ante cada obra y la observaba con detenimiento. Así, después de un rato, llevo a la última pared, la más oscura. Cuando vio aquel cuadro terrible, la cara de sorpresa del monarca hizo temblar a su secretario, temeroso por un momento de perder su cargo, y aguantó la respiración mientras el rey seguía observando, curioso, ese paisaje tenebroso. Se acercó, lo miro con interés, se alejó y volvió acercarse hasta casi tocar la tela con la nariz.

Entonces el rey se volvió, miró a su secretario y dijo:

Este es el cuadro ganador. Hijo, acércate para ver qué es la serenidad.

El secretario se quedó boquiabierto, no entendía nada.

El muchacho se acercó y pudo observar que en medio de aquella terrible tempestad, entre los relámpagos y el cielo ennegrecido, había una roca que sobresalía del mar y encima de ella un pequeño nido de pájaros. Se acercó un poco más y pudo ver que dentro del nido había una madre pájaro dando de comer a sus cuatro crías.

El rey entonces le dijo:

Hijo, esto es la serenidad: saber, en medio de la tormenta, cuál es tu prioridad.

EL TAMAÑO DE TU MUNDO

  • El niño le pregunta al sabio:
  • ¿Cuánto mide el universo?
  • Y el sabio le contesta:
  • El universo tiene la medida de tu mundo.
  • Y, ¿De qué medida es mi mundo? -vuelve a preguntar el niño con curiosidad.
  • Tu mundo tiene la medida de tus sueños

DALAI LAMA

  • ¿Qué le sorprende de la humanidad?
  • Los hombres.
  • ¿Por qué?
  • Porque pierden la salud para ganar dinero y después pierden el dinero para recuperar la salud. Y porque por pensar con ansiedad sobre su futuro no disfrutan del presente, con lo cual no viven ni el presente ni el futuro. Y viven como si nunca tuvieran que morir, y mueren como si no hubieran vivido jamás.

MIREIA

“Mireia Belmonte sueña a lo grande”, contestó en 2014 el director técnico de la Federación Española de Natación, Jose Antonio del Castillo. En la misma conversación, su entrenador el francés Fred Vergnoux, fue más explícito con la clave de sus éxitos: “ Cuando pregunto a los nadadores cuántos quieren ser medallistas olímpicos, todos alzan la mano. Cuando les digo lo que hay que hacer para lograrlo, solo Mireia la mantiene levantada”.

Del libro Espíritu de remontada de  Jose Luis Llorente

EL EXAMEN

“Un lunes de examen, cuatro alumnos aparecen en clase sin haber estudiado y se inventan una historia. Le cuentan al profesor que, volviendo de una boda el día antes, tuvieron un accidente. Ellos salieron ilesos pero pasaron la noche en el hospital con sus amigos heridos. El profesor, comprensivo, les dice que les pondrá el examen al cabo de unos días cuando se les haya pasado el shock del accidente y estén más concentrados.

El día del examen, habiendo ya estudiado, se presentan ante el profe, que les coloca en cuatro clases separadas, les quita los móviles y les pone a los cuatro el mismo examen de cuatro preguntas:

  1. ¿Quién se casaba?
  2. ¿A qué hora fue el accidente?
  3. ¿Marca y modelo del coche en el que ibais?
  4. ¿Nombre de los amigos heridos?

Nota: si contestáis todos igual a las preguntas, tendréis un sobresaliente.»

DIÓGENES

Estaba Diógenes cenando lentejas en su tonel cuando le vio el filosofo Aristipo, quien vivía confortablemente a punta de adular al Rey.

Y le dijo Aristipo: «Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas’.

A lo que replicó Diógenes: «Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey».

EL LETHANI

—¿Cuál es el corazón del Lethani? —preguntaba a Vashet.

—El éxito y la acción correcta.

—¿Qué es más importante, el éxito o la acción correcta?

—Son lo mismo. Si actúas correctamente, consigues el éxito.

—Pero otros consiguen el éxito mediante actos incorrectos —objeté.

—Los actos incorrectos nunca conducen al éxito —afirmó Vashet, tajante—.

—Si un hombre actúa incorrectamente y obtiene el éxito, ese no es el buen camino. Sin el Lethani no hay éxito verdadero.

Del libro «El temor de un hombre sabio» de Patrick Rothfuss

TRABAJO BASURA

Más cerca de casa, la película de 1999 Trabajo basura esquematizaba los absurdos rituales y la burocracia de una ficticia empresa de tecnología, y se convirtió en una película de culto porque la situación resultaba perfectamente reconocible.

En la película, el programador Peter Gibbons le describe su trabajo a un hipnoterapeuta:

PETER: Estaba hoy sentado en mi cubículo y he caído en la cuenta de que desde que empecé a trabajar, cada día de mi vida ha sido peor que el anterior. Eso quiere decir que cada vez que me ve, es el peor día de mi vida.

DOCTOR SWANSON: ¿Y qué me dice de hoy? ¿Es el peor día de su vida?

PETER: Sí.

DOCTOR SWANSON: Vaya, pues sí que estamos buenos.

Del libro «La nueva fórmula del trabajo» Laszlo Bock

Resultado de imagen de TRABAJO BASURA

BILL GATES

Durante una visita a Harvard Business School, Bill Gates comentó: «El  problema con ustedes es que a lo que llaman examinar el entorno, yo lo llamo hablar con la gente».

DIÓGENES

Estaba Diógenes cenando lentejas en su tonel cuando le vio el filosofo Aristipo, quien vivía confortablemente a punta de adular al Rey.

Y le dijo Aristipo: «Si aprendieras a ser sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas’.

A lo que replicó Diógenes: «Si hubieras tú aprendido a comer lentejas, no tendrías que adular al rey».

EL HERRERO

Un joven fue a solicitar un puesto importante en una empresa grande. Pasó la entrevista inicial e iba a conocer al director para la entrevista final. El director vio su CV, era excelente. Y le preguntó:

-«¿Recibió alguna beca en la escuela?» el joven respondió «no».

-«¿Fue tu padre quien pagó tus estudios? »

-» Si.»-respondió.

-«¿Dónde trabaja tu padre? »

-«Mi padre hace trabajos de herreria.»

El director pidió al joven que le mostrara sus manos .

El joven mostró un par de manos suaves y perfectas.

-«¿Alguna vez has ayudado a tu padre en su trabajo? »

-«Nunca, mis padres siempre quisieron que estudiara y leyera más libros. Además, él puede hacer esas tareas mejor que yo.

El director dijo:

-«Tengo una petición: cuando vayas a casa hoy, ve y lava las manos de tu padre, y luego ven a verme mañana por la mañana.»

El joven sintió que su oportunidad de conseguir el trabajo era alta. Cuando regresó a su casa le pidió a su padre que le permitiera lavar sus manos.

Su padre se sintió extraño, feliz pero con sentimientos encontrados y mostró sus manos a su hijo. El joven lavó las manos poco a poco. Era la primera vez que se daba cuenta de que las manos de su padre estaban arrugadas y tenían tantas cicatrices. Algunos hematomas eran tan dolorosos que su piel se estremeció cuando él la tocó.
Esta fue la primera vez que el joven se dio cuenta de lo que significaban este par de manos que trabajaban todos los días para poder pagar su estudio. Los moretones en las manos eran el precio que tuvo que pagar por su educación, sus actividades de la escuela y su futuro.

Después de limpiar las manos de su padre, el joven se puso en silencio a ordenar y limpiar el taller. Esa noche, padre e hijo hablaron durante un largo tiempo.

A la mañana siguiente, el joven fue a la oficina del director.

El director se dio cuenta de las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó: -«¿Puedes decirme qué has hecho y aprendido ayer en tu casa?»

El joven respondió: -«lavé las manos de mi padre y también terminé de asear y acomodar su taller»

-«Ahora sé lo que es apreciar, reconocer. Sin mis padres, yo no sería quien soy hoy. Al ayudar a mi padre ahora me doy cuenta de lo difícil y duro que es conseguir hacer algo por mi cuenta. He llegado a apreciar la importancia y el valor de ayudar a la familia.

El director dijo: «Esto es lo que yo busco en mi gente. Quiero contratar a una persona que pueda apreciar la ayuda de los demás, una persona que conoce los sufrimientos de los demás para hacer las cosas, y una persona que no ponga el dinero como su única meta en la vida». «Estás contratado».

EL ESPANTAPÁJAROS

Con el tiempo he llegado a la conclusión de que tras este artilugio casi humano se esconde una gran enseñanza sobre el sentido del miedo. El espantapájaros, considerado como símbolo, tiene varias lecturas.

La primera, la más literal, es que asusta a los pájaros. Está plantado en un campo, se parece a un hombre, a un desconocido, y cuando los pájaros lo ven, huyen volando porque lo asocian con alguien que puede matarlos y tienen miedo.

La segunda lectura requiere algo de valor: hay que acercarse al espantapájaros, con prudencia y cuidado, “suavemente y con gran pericia”, y darse cuenta de que no se trata de un cazador o un labriego y que, por lo tanto, se puede comer de lo plantado en ese campo. No hay nada que temer, no hay peligro. A pesar de que al principio hay miedo a lo desconocido, nos estamos familiarizando con él y hemos comprobado aquello tan sabido de que las apariencias engañan.

En al tercera lectura, cuando el miedo ha desaparecido, tiene lugar una verdadera revelación: el espantapájaros, lejos de se un peligro, es casi siempre una oportunidad, ya que nos señala con precisión el lugar en el que podemos encontrar alimento.

Juli Peradejordi