SONRIA POR FAVOR: PODRIDO POR DENTRO PODRIDO POR FUERA

15 marzo, 2016. 0 Comentarios

SONRIA POR FAVOR: PODRIDO POR DENTRO PODRIDO POR FUERA

15 marzo, 2016 / 0 Comentarios

Toda persona que tiene un trabajo de cara al público debería ser agradable. Es más, debería cambiársele la cara al llegar a trabajar, arqueándosele los labios y mostrando una sonrisa. En ocasiones he llegado a pensar incluso que atender al público debería ser vocacional.

Todas las empresas tenemos personas que están en contacto con el exterior, bien puede ser con clientes o proveedores. Estas personas, representan a nuestra organización en el exterior. Cuidemos que sean educadas y simpáticas,  y trasmitan la personalidad/valores de nuestra empresa.

Ayer tuve que renovar mi Carnet de Indentidad. La última vez que fui a hacerlo fue hace 10 años. Sinceramente, ha cambiado todo mucho. Se puede coger cita previa, ya no te manchan el dedo, y te dan el carnet al instante. Ha cambiado mucho, pero no todo. La persona que está allí sigue siendo la misma, y lamentablemente perdió la simpatía hace muchos años. He aquí mi experiencia:

Entrego mi foto «al señor» de la benemérita, y me hace una especie de interrogatorio en un tono, que como poco, describiría como desagradable:

Él: Esta foto, ¿cuándo se la ha hecho usted?

Yo: Pues, no sé, hará 3 meses.

Él: ¿Para qué ha utilizado usted esta foto antes?

Yo: Pues no sé. Nos hicimos fotos toda la familia.

Él: Esta foto ha sido utilizada antes por usted.

Yo: (Que misterio, qué fijación tiene este hombre) Pues creo que fue para algo del polideportivo.

La cuestión es que la foto que le entregué, tenía la parte trasera raspada, como si se hubiera pegado en algún lado anteriormente. Le dije, que no se preocupase que tenía otra. Se la dí, y continuamos.

Llegado al punto de la huella dactilar, hay que colocar el dedo en una especie de escáner una primera vez y luego una segunda moviendo el dedo de derecha a izquierda. En este instante le comenté que cómo había cambiado esto, que me acordaba de lo de la tinta y lo pringoso que era. Su respuesta con el tono amable de siempre: «Si tiene usted morriña, se lo saco, que está guardado». Le dije: » no se preocupe, no va a hacer falta». Mi siguiente frase, al cabo de un tiempo fue: «gracias y adiós».  Pero mi pensamiento fue otro: ¿Cómo una persona puede vivir amargada de esta forma y tratar de amargar el día a los demás?¿En qué curso del «ser amable» se quedó?¿Qué le mueve a esta persona?¿No hay alguien con una sonrisa en «la misma empresa»?¿Quién decide poner a relacionarse con personas a «la alegría de la huerta»?

Quizás, merezca la pena hacer una sugerencia a la Comandancia; que cuando vas a coger cita por internet te de la opción de escoger «cita con sonrisa» y «cita sin sonrisa». Posiblemente con un experimento de este tipo, no nos asombraría ver que la persona que me atendió ayer a mí no tuviera a nadie a quien recibir en meses.

 

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