Hoy me ha ocurrido un caso interesante que me ha llevado a reflexionar y que quiero compartir en este post.
A una persona de la empresa le llega una información procedente de otra, pero a través de su subordinado. Él considera que esa información debería haberle llegado de forma directa.
Esto me lleva a pensar en cómo fluye la información en las organizaciones. Hay información que no me llega y de la que no me entero; otra que me llega a través de las personas que dependen de mí; y otra que me llega directamente de quienes la generan. Este esquema, en principio, es válido para todos. Hasta aquí, todo correcto.
El problema aparece cuando entran en juego las percepciones. Cuando tú consideras que no tengo por qué conocer algo y yo considero que sí. O cuando yo espero recibir la información directamente de ti, y tú decides trasladarla a uno de mis subordinados, que además es quien debe activar la tarea correspondiente.
Ante estas situaciones, podemos hacer dos cosas:
No es un tema sencillo. Hay alguien que se siente herido y otra persona que no entiende ese malestar porque, desde su perce que no entiende el dolor, ya que según ella, o mejor dicho, su percepción, ha actuado correctamente. Por eso debemos tratarlo.
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