Exigimos que la empatía me la apliquen a mí. Es decir, que se pongan en mis zapatos y entiendan desde ahí. Nos cuesta hacer lo contrario, aplicar la empatía para ponernos nosotros en el lugar del otro. Nos gusta el concepto de lo empático pero aplicado al otro. Esto nace del egoísmo, de mirarnos nuestro propio ombligo y de pensar que nuestra opinión es la verdad y tiene mayor peso que la del de enfrente. Si quieres empatía, empieza por ser empático tú.
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